Por el Dr. Edward Pari Portillo
Foto:E. Pari P.
La planificación urbana en nuestro planeta, trata de responder con retos al crecimiento de las ciudades, así como también a la resiliencia garantizada y progresiva respecto a los fenómenos naturales constantes que se incrementan en nuestras regiones vulnerables.
En nuestra región y en nuestro país, en periodos de las lluvias intensas “…las quebradas que nacen en edificios volcánicos y a lo largo de la cordillera pueden experimentar el descenso de flujos de lodo de distintos volúmenes. Si estos flujos contiene material volcánico, se llama lahares, mientras que si estan compuestos por materiales clásticos (como gravas y arcillas), se denominan huaicos” (IGP, 2026).
El acontecimiento ocurrido en Tahuaycani, la via Metropolitana, la torrentera el "Chullo" y otros sectores de Arequipa en este año 2026, revelan sobre la debilidad y fragilidad de nuestros sistemas urbanos frente a la adversidad e intensidad de las lluvias con los llamados depósitos volcánicos y huaycos. Estos eventos que son ya conocidos como acontecimientos naturales de impacto, nos permiten reflexionar sobre la actualización de los principios globales de la planificación de nuestras ciudades, de los cuales deben estudiarse con mayor realidad e intensidad, los riesgos característicos naturales, para mejorar cada vez más nuestra planificación de ciudades.
Estos lahares, sobre todo en el sector de Tahuaycani , que han sido activados por las lluvias de gran intensidad, comprometieron riesgos en algunas torrenteras y quebradas de la ciudad, generando flujos de lodos y piedras que afectaron sobre todo a las viviendas cercanas, complejos habitacionales, la infraestructura de servicios básicos y demás servicios urbanos. Es posible que una de las causas haya sido la acumulación de los llamados depósitos volcánicos, ubicados en las laderas del volcán Chachani y que, sumados a la ocupación informal de viviendas en las torrenteras aledañas, asi como los residuos sólidos de las quebradas, generaron impactos en la ciudad. El número de afectados superan más de mil viviendas dañadas y en algunos casos, el colapso de la infraestructura vial (la vía Metropolitana); así como, la generación de una crisis humanitaria en algunos sectores del lugar ( RPP Noticias, 2026).
Este acontecimiento permite evidenciar, sobre las estrategias en la planificación de nuestras ciudades, han considerar las ubicaciones, delimitaciones y precisiones de estas zonas afectadas; sobre todo de las áreas de viviendas que no son aptas en sectores de riesgo como las quebradas y torrenteras; por ello, es necesario iniciar un proceso estratégico de infraestructura resiliente que pueda soportar estos movimientos de flujo de agua lodo y otros fenómenos característicos de las zonas de riesgo en nuestra ciudad.
Las delimitaciones de estas zonas de riesgo, representa uno de los criterios más importantes de la planificación urbana actual sobre estos fenómenos. No es suficiente en generar mapas de riesgo; sino también, se debe incorporar criterios cada vez más técnicos, normativos específicos y sociales, que nos permitan minimizar y reducir la vulnerabilidad de estas zonas.
La información de mapas de riesgo hidrometeorológico y volcánico elaborados por el instituto geofísico del Perú Instituto Geofísico del Perú (IGP) y el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), deben de ser cada vez más especificos e integrados en los planes urbanos y otros instrumentos de planificación. La delimitación de estas áreas, deben de contener diferentes factores a tomar en cuenta como: los depósitos volcánicos, las torrenteras activas en diferentes grados, las pendientes, las áreas de deslizamiento, zonas de inundación etc.
Considerar que las quebradas, sobre todo el Chullo, representan ejes de deslizamiento o corredores naturales de los huaicos y lahares de nuestra ciudad; por lo que se debería zonificar y clasificar dichas zonas para posibilitar y delimitar la urbanización. La regulación de las normas sobre las delimitaciones de estas áreas, debe de traducirse con más intensidad en una información humanística, vinculante a tal punto que; se prohíba la construcción y ocupación en estas áreas de alto riesgo y/o demolición de zonas ya construidas.
A nivel de los planos de la ciudad, se requiere un catastro urbano más actualizado que ubique e identifique las nuevas zonas muy críticas de ocupación de viviendas y que nos ayude a determinar estratégicamente programas de protección y reubicación. Una experiencia internacional interesante se encuentra en la ciudad de Quito - Ecuador y en Medellín – Colombia; en estas ciudades, encontramos normativas específicas municipales mediante ordenanzas y no necesariamente normas nacionales, que restringen la ocupación en zonas de ladera y el alto riesgo en quebradas.
En nuestro país la ley Nacional N° 29869 (2012) contiene generalidades sobre la ocupación de zonas de muy alto riesgo que no pueden ser mitigables para las viviendas; el Reglamento Nacional de Edificaciones (RNE), asi mismo desarrolla criterios técnicos para la construcción, con pendientes y áreas de riesgo; y la Autoridad Nacional del Agua (ANA) determina la delimitación de las fajas marginales de torrenteras de nuestras ciudades.
También es preciso señalar sobre la mitigación y la infraestructura especial para estos riesgos, en las zonas donde ya hay ocupación, la planificación proyectada debe establecer obras de mitigación como: canales de derivación, muros de contención, drenajes pluviales, sistemas de alerta temprana y otros.
Por otro lado, el soporte participativo es muy importante para la delimitación de estas áreas, ya que no solo tendrían que abordarse temas técnicos y normativos; se debe de involucrar a toda la población del área en procesos de gestión comunitaria de riesgos y la generalidad de educación ambiental. Muchas familias tienen desconocimiento de la magnitud del peligro que evidenciaría la necesidad de generar simulacros campañas de información de manera permanente.
Este acontecimiento tiene relación con las tendencias no solo de la región si no globales a nivel planeta. La delimitación catastral de las zonas de riesgos, se integrarían en los planes de resiliencia urbana de la ciudad, que son promovidos por las ONU-Hábitat. A nivel de la región tenemos el Plan de Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres al 2026, aprobado el 2024, sin embargo no tenemos más estallamiento para la ciudad. Una experiencia clave es lo suscitado en la ciudad de Tokio que ante estos acontecimientos en la ciudad, activan planes de evacuación ante tsunamis; en el caso de los Ángeles en Estados Unidos, manejan la zonificación sísmica y que demuestran que esta planificación anticipatoria, puede reducir, salvar vidas y pérdidas de la economía.
Un factor importante material también es la infraestructura resiliente, que es clave ante estos eventos (los puentes, los drenajes en contextos volcánicos como en nuestra ciudad). Los lares y los huaicos son fenómenos recurrentes; por lo tanto, los puentes y los diversos sistemas de drenaje requieren ser más técnicos con un diseño muy específico de cada zona o sub zona, que incorpore premisas y criterios de adaptabilidad, flexibilidad y sobre todo resiliencia al fenómeno.
La infraestructura de los puentes con esa característica resiliente, deben adoptarse con una construcción de gran altura, sobre estas áreas; de tal modo, permita el paso de estos flujos de piedra de lodo, sin problemas de desplazamiento. En los sectores mencionados varios puentes colapsaron; ya que, no tenían la suficiente luz libre, o por lo menos un gran zanjón de profundidad, para el paso de grandes volúmenes de flujo del fenómeno. Los puentes deben de tener una implementación de cambio y de reparación rápida, ya que el fenómeno de flujo de lodos y lahares, debilita constantemente a estas infraestructuras de la ciudad. En algunos países como Japón han implementado los puentes modulares ya que permiten y facilitan reparar rápidamente, tras los eventos extremos. En el caso de Chile tras los acontecimientos de aluviones ocurridos en la ciudad de Atacama, se levantaron puentes con pilotes muy profundos y algunos otros sistemas que disipan la energía de estos flujos torrenciales.
La infraestructura de los drenajes de la ciudad como los canales de derivación, deben de tener un diseño exclusivo para desviar estos flujos a lugares más seguros; de este modo, se evita que dañen las áreas residenciales. Estos drenajes pluviales no son muy suficientes, ya que requieren algunos canales que transporten muchos volúmenes de agua y sedimentos. Estas infraestructuras de protección, deben asegurar a las áreas ocupadas en detener un mantenimiento permanente, ya que la acumulación de estos volúmenes de sedimento, pueden obstruir muy rápidamente los diferentes drenajes construidos; por lo que, en la planificación de estas áreas, debe de considerarse programas periódicos de limpieza para estas infraestructuras. Una experiencia de estos programas se tiene en Quito, Ecuador; que han generado estos sistemas de drenaje con canales de derivación, rejillas de protección, que de alguna manera protegen y reducen a estos fenómenos de flujo que provienen de "Pichincha" el volcán de dicha ciudad.
Finalmente, la gestión comunitaria en la participación muy activa de los usuarios en general, debe ser apremiante para la identificación, prevención y respuesta rápida ante estos riesgos. En la planificación con la comunidad, no solo debe ser un ente receptor de políticas e instrumentos normativos sino más bien el constructor y protagonista de la implementación de estos planes e infraestructuras.
También se puede intensificar las campañas permanentes de información a la población, respecto a esta dinámica de riesgos en las quebradas y torrenteras, explicando sobre estos fenómenos recurrentes en estos corredores de riesgo. En las universidades institutos y escuelas, se debe de difundir estos contenidos, sobre los riesgos para la ciudad, fomentando sobre todo la prevención y la cultura de protección en diferentes edades. En Japón la población cercana al monte Fuji , constantemente ejecuta talleres sobre la evacuación en zonas seguras ante la erupción y flujos de lodo que pueden generarse en la ciudad.
Este acontecimiento suscitado en Tahuaycani, y otros sectores de la ciudad, muestra sobre la escasez de la información tecnificada y la limitada organización de la comunidad que afectó al lugar. La planificación urbana de estas características, debe evolucionar con un modelo más participativo, ayudado por técnicos especialistas y ciudadanos donde los participantes de dicha comunidad sean muy activos en estos procesos de generación de instrumentos de riesgos y desastres.
“Las ciudades deben ser vistas como organismos vivos, capaces de adaptarse y transformarse frente a los desafíos. La resiliencia urbana no consiste únicamente en resistir los embates de la naturaleza, sino en aprender de ellos, rediseñar nuestros espacios y fortalecer el tejido social. Una ciudad que se prepara para el riesgo no solo protege a sus habitantes, sino que también construye esperanza en cada calle y quebrada.” Jaime Lerner, arquitecto y urbanista brasileño.
Referencias
IGP. (2026). grd.igp.gob.pe. Obtenido de https://grd.igp.gob.pe/lahares-huaicos/

La planificación urbana busca organizar el uso de suelos, crecimiento poblacional y el desarrollo funcional de la ciudad garantizando una mejor calidad de vida, y la correcta gestión de los recursos ; todo esto entendiendo ala ciudad como un ente vivo.
ResponderEliminarSi bien la ciudad de Arequipa esta en un constante cambio ,estamos llegando a un limite con lo que respecta el crecimiento poblacional. Según en ultimo PDM que se a realizado la sentencia busca cuidar el área agrícola y la campiña arequipeña ya que muchas de estos suelos están siendo invadidos por elementos arquitectónicos como equipamientos y viviendas .
El ultimo acontecimiento ocurrido en Tahuaycani es resultado de la inadecuada habilitación urbana y la esquiva consideración a elementos geográficos , topográficos y ambientales . Lo que demuestra la mala organización dentro de una planificación urbana que prioriza más el paisaje urbano que el natural , alterando el curso natural de las cosas.
La vulnerabilidad en Tahuaycani expone la incapacidad del Estado para ejecutar planes vinculantes. Pese a las leyes vigentes, la desidia permite la ocupación informal en zonas de riesgo volcánico por falta de técnicos capacitados. Esta carencia de gestión perpetúa un modelo urbano que ignora la geografía y sacrifica la seguridad ciudadana.
ResponderEliminarLa infraestructura colapsó por carecer de ingeniería resiliente adaptada a lahares y huaicos. A diferencia de Japón o Chile, que usan puentes de gran altura, en el Perú se persiste en diseños convencionales que obstruyen los flujos naturales. Esta deficiencia técnica demuestra que los responsables no están preparados para enfrentar la dinámica de las quebradas.
La gestión de riesgos en el país es teórica y carece de impacto operativo o participación social. Mientras ciudades como Quito aplican ordenanzas estrictas, las autoridades peruanas fallan en establecer alertas tempranas y reubicaciones estratégicas. El resultado es un sistema que margina la prevención y es incapaz de proteger la vida ante desastres recurrentes.
La información plantea una reflexión sólida y necesaria sobre las debilidades de la planificación urbana que se presenta en Arequipa frente a fenómenos naturales recurrentes como los huaicos y lahares. Él principal acierto es evidenciar que el problema no radica únicamente en la intensidad de los eventos naturales, sino en la falta de previsión, control territorial y gestión adecuada del crecimiento urbano.
ResponderEliminarEs importante entender la información y destacar la importancia de la infraestructura resiliente, aunque se entiende que en la práctica esta aún es insuficiente o mal diseñada para las condiciones específicas del territorio volcánico de Arequipa. Esto evidencia una necesidad urgente de incorporar criterios más especializados y adaptados al contexto local y en la normativa peruana.
Otro punto clave que se explica es la inclusión de la participación comunitaria, que considero fundamental. Sin una población informada y consciente del riesgo, cualquier estrategia técnica pierde eficacia. La educación y la cultura de prevención deben ser pilares tan importantes como la ingeniería o la normativa.
Lo ocurrido en Tahuaycani este 2026 deja claro que el problema no es solo la fuerza de la naturaleza, sino cómo estamos ocupando el territorio. Las lluvias intensas y los huaicos siempre han sido parte de la dinámica de la región de Arequipa, pero el crecimiento desordenado y la ocupación de zonas de riesgo han convertido estos fenómenos en desastres. Da la impresión de que, como ciudad, seguimos reaccionando después de los hechos en lugar de anticiparnos a ellos.
ResponderEliminarTambién es evidente que existe una desconexión entre la información técnica y la realidad urbana. Instituciones como el Instituto Geofísico del Perú ya han identificado los riesgos, pero esa información no siempre se traduce en decisiones firmes ni en políticas que realmente se hagan cumplir. No basta con tener mapas o normas; si se permite construir en quebradas o no se controla el crecimiento informal, el problema simplemente se repite cada año con más intensidad.
Por otro lado, este suceso también muestra una oportunidad para cambiar la forma en que entendemos la ciudad. No se trata solo de construir más infraestructura, sino de generar una cultura de prevención y responsabilidad compartida. Si la población, las autoridades y los técnicos trabajaran de manera más coordinada, se podrían evitar muchas pérdidas. Al final, más que un evento aislado, lo de Tahuaycani debería ser una llamada de atención para empezar a tomarnos en serio la planificación urbana y el respeto por el entorno natural.
El agua tiene memoria y siempre reclama su cauce; los desastres en Tahuaycani y el Chullo demuestran que, aunque existe data técnica del IGP, en el Perú prevalece una cultura reactiva sobre la prevención. La ocupación de fajas marginales y la falta de normativas vinculantes, como las de Quito o Medellín, evidencian una planificación que ignora la advertencia de los mapas de riesgo, priorizando la expansión informal sobre la seguridad urbana.
ResponderEliminarA este problema se suma el sellado urbano: el asfalto y concreto impiden la infiltración natural, transformando la lluvia en escorrentías que sobrecargan las torrenteras. Esta impermeabilización multiplica el caudal de los lahares, colapsando puentes sin "luz libre" suficiente. Es urgente transitar hacia una infraestructura resiliente que incluya pavimentos drenantes y sistemas de alcantarillado específicos para sedimentos, permitiendo que la ciudad gestione el agua en lugar de ser destruida por ella.
Finalmente, la solución radica en convertir las quebradas en ejes verdes que funcionen como zonas de amortiguamiento y control hídrico. Siguiendo la visión de Jaime Lerner, la ciudad debe actuar como un organismo vivo donde la infraestructura verde y la gestión comunitaria limiten físicamente la urbanización en áreas críticas. Solo mediante una cultura de protección participativa, similar a la de Japón, lograremos transformar estos corredores de riesgo en espacios públicos seguros y sostenibles.
La información presentada evidencia un problema real y urgente en Arequipa: la falta de una adecuada planificación urbana frente a riesgos como los lahares y los huaicos. Como estudiante de Arquitectura y Urbanismo, considero que estos fenómenos no deben entenderse solo como desastres inevitables, sino como condiciones del territorio que exigen repensar el diseño de la ciudad para hacerla más resiliente y acorde a su entorno.
ResponderEliminarLa ocupación informal en quebradas y torrenteras refleja tanto una débil gestión del territorio como una limitada conciencia del riesgo. Esto demuestra que no basta con contar con mapas o normativas, sino que es necesario traducirlos en acciones concretas, como sistemas de drenaje adecuados, muros de contención y puentes correctamente diseñados. La ciudad debe anticiparse a estos eventos y no actuar únicamente después de que ocurren.
El caso de Tahuaycani evidencia una mala organización del territorio, donde el crecimiento urbano no ha respondido a las condiciones naturales del lugar. Esto permite reflexionar que es posible reducir estos riesgos si se integran criterios técnicos, normativos y sociales desde la planificación. Esto nos lleva a entender que, como sociedad, no solo se deben crear espacios funcionales, sino también seguros y coherentes con el entorno, priorizando el bienestar de la población y el respeto por la dinámica natural.
Es necesario reflexionar sobre este tema pues presenta una situación preocupante, convirtiéndose de algo hipotético a algo concreto pues el daño generado por los desplazamiento, huaicos y lahares ha dejado notar una carencia dentro de la planificación urbana presente en la ciudad de Arequipa, la información presentada en este blog analiza de forma adecuada esta situación y plantea propuestas interesantes, situaciones y casos que se deberían tener como ejemplo para generar mayor seguridad para los pobladores.
ResponderEliminarMe llama la atención que la puesta en practica de la información y normativa en el Perú sea deficiente pues no solo basta tener mapas de riesgo o análisis vació, sino que se deben traducir en decisiones concretas que reflejen realmente lo que se debe hacer, y que sirvan como medidas de prevención para evitar una situación adversa como lo fue en el caso actual de Tahuaycani, los ejemplos sobre el como abordan este tipo de problemas otras ciudades son provechosos pues demuestran que si es posible gestionar mejor estos riesgos.
Considero que es importante también el trabajo que se debería realiza con la comunidad relacionada con estas zonas de riesgo pues es vital que se informe a la población que muchas veces termina por subestimar la amenaza que implica estos fenómenos, en un escenario perfecto quizá esto sea posible pero lo cierto es que implica un gran trabajo por parte de las autoridades gestionar todo lo que involucra esta labor.
El artículo resulta sumamente relevante, ya que invita a una reflexión crítica sobre los eventos ocurridos durante el 2026 en distintos sectores de la ciudad de Arequipa. La diferenciación conceptual entre lahares y huaycos constituye un aporte importante, pues permite comprender con mayor precisión la naturaleza de estas amenazas y su impacto en el territorio urbano. Lo sucedido evidencia no solo la vulnerabilidad de la infraestructura de la ciudad, sino también la limitada preparación social e institucional frente a fenómenos recurrentes en un contexto geográfico como el arequipeño.
ResponderEliminarAsimismo, el texto pone en debate la importancia de la prevención como eje central del planeamiento urbano. La persistencia de viviendas ubicadas en zonas de alto riesgo demuestra deficiencias en la aplicación de normas y políticas públicas; sin embargo, también revela una problemática estructural vinculada al acceso desigual a una vivienda digna y segura. Desde esta perspectiva, la ocupación de áreas vulnerables no debe analizarse únicamente como una infracción territorial, sino también como consecuencia de procesos sociales y urbanos no resueltos.
Finalmente, el artículo refuerza la necesidad de aprender de estos acontecimientos para construir una ciudad más resiliente y adaptativa. La resiliencia urbana implica no solo resistir el impacto de futuros eventos, sino transformar el territorio mediante estrategias de prevención, gestión del riesgo y planificación sostenible. En este sentido, el planeamiento urbano adquiere un rol estratégico, al constituirse como la herramienta fundamental para anticipar amenazas, proteger a la población y reducir pérdidas humanas, materiales y ambientales.
Este es un tema preocupante en la ciudad de Arequipa, no solo en la zona de Tahuaycani, sino también en otros sectores donde, año tras año, durante la temporada de lluvias, se repiten los mismos problemas. Esto se debe principalmente a la falta de una adecuada planificación frente a riesgos naturales como los huaicos y lahares, lo que ha impedido implementar medidas efectivas para prevenir estos eventos.
ResponderEliminarPor ello, es fundamental establecer normas más estrictas que aseguren el respeto de las zonas de riesgo, evitando su ocupación. Asimismo, es importante promover la concientización y participación de la ciudadanía, ya que la acumulación de residuos sólidos en quebradas y torrenteras contribuye significativamente a los desbordes y agrava sus consecuencias.
Es una situación que afecta a muchas zonas, no solo a Tahuaycani, sin embargo el impacto que genero fue grande debido a la gran desarrollo urbano que se presenta en esa zona. Por ejemplo en zonas mas alejadas al área metropolitana de Arequipa se observa asentamientos urbanos que nacen debido a la trata de terrenos y son permitidos por las municipalidades, usualmente estos terrenos son aplanados y rellenados con tierra, lo cual deja un suelo vulnerable al paso del agua y las viviendas que mas a futuro se ven afectadas por los desastres naturales como lo han sido los lahares.
ResponderEliminarPodemos pensar entonces que el problema radica entorno a los procesos de corrupción, y son solo una parte de esta problemática, por otro lado el desconocimiento de la gente resalta, y también el crecimiento acelerado de las áreas urbanas en zonas peligrosas y lo cual da a entender que un problema adicional se da por el crecimiento desmesurado de la gente que se muda a Arequipa y aparte de ello que resalta la falta de supervisión de las municipalidades en su contexto.
Es importante analizar las causas principales del porque suceden las cosas, y no quedarse en observar que podemos hacer para llevar la situación, porque puede llevarnos a considerar normales estas situaciones de desastres que afectan a la gente. Por ello es importante ejecutar un plan que aplique una reubicación de viviendas o sino desviar el cauce del agua, o sino buscar aprovechar estas situaciones para obtener beneficios y no quedarnos con los daños, sino contribuir a la mejora de la ciudad de Arequipa.
El artículo me parece interesante porque plantea la resiliencia urbana de una forma bastante completa, no solo como algo técnico sino también social. Me gusta que no se enfoque solo en infraestructura, sino que también tome en cuenta a la gente y cómo las comunidades pueden responder y adaptarse frente a desastres. Eso lo hace más cercano a la realidad, sobre todo en ciudades como las nuestras, donde muchas veces la organización social termina siendo clave cuando falla el sistema.
ResponderEliminarTambién, considero importante el cambio de enfoque que propone, de dejar de reaccionar después del problema a empezar a prevenir desde el diseño de la ciudad. Eso hace que uno como estudiante de arquitectura empiece a cuestionarse cómo debería proyectar pensando en riesgos desde el inicio, y no solo en la forma o la estética. Es como entender que diseñar no es solo crear espacios bonitos, sino también espacios que puedan resistir y adaptarse a situaciones complicadas.
Por otro lado, algo que me llamó la atención es cómo el artículo plantea la resiliencia como un proceso continuo, no como algo que se logra de una vez. Eso hace que la ciudad se entienda como algo que siempre está cambiando y aprendiendo. Me parece una idea interesante porque abre la posibilidad de pensar proyectos más flexibles, que puedan evolucionar con el tiempo y responder a diferentes escenarios, en lugar de ser soluciones rígidas.
Desde mi punto de vista, el texto propone una forma de entender la ciudad que va más allá de lo habitual en arquitectura, porque no se queda solo en lo material. Me parece valioso que incluya lo social y lo ambiental como parte de la resiliencia, ya que eso ayuda a ver la ciudad como un sistema donde todo está conectado. Además, el hecho de considerar a la comunidad como parte activa cambia bastante la perspectiva, porque ya no son solo usuarios, sino agentes que influyen directamente en cómo la ciudad enfrenta los problemas.
ResponderEliminarPor otro lado, el enfoque preventivo me hace pensar en lo poco que a veces se considera el riesgo en el proceso de diseño. La idea de anticiparse a los desastres implica proyectar con más conciencia, entendiendo el contexto y las condiciones del lugar antes de intervenir. Siento que esto también le da un sentido más responsable a la arquitectura, porque no solo busca resolver necesidades inmediatas, sino evitar problemas futuros.
Algo que también rescato es la manera en que se plantea la resiliencia como algo que se construye con el tiempo. No se presenta como una solución cerrada, sino como un proceso que va evolucionando según las experiencias de la ciudad. Eso me parece interesante porque permite pensar en proyectos más abiertos y adaptables, capaces de ajustarse a distintos escenarios sin perder su funcionamiento ni su sentido dentro del entorno urbano.
El impacto de los lahares en Arequipa es un recordatorio doloroso de que no podemos seguir dándole la espalda a nuestra propia geografía. Las tragedias en zonas como Tahuaycani no son solo culpa del clima; son el resultado de años de ignorar cómo funcionan nuestras torrenteras.
ResponderEliminarPara proteger la vida, urge una ingeniería que deje de pelear con la naturaleza y empiece a entenderla. La técnica debe ser una herramienta de cuidado, que se adapte a la fuerza del relieve volcánico en lugar de intentar bloquearlo inútilmente.
Finalmente, necesitamos autoridades que pongan límites claros a la ocupación de riesgo y vecinos que sepan cómo reaccionar ante el peligro. Solo respetando la memoria de nuestras torrenteras y educándonos para la prevención, lograremos que Arequipa deje de ser una ciudad que solo sobrevive a las lluvias para convertirse en una que sabe convivir con su entorno.
Es altamente preocupante como en la ciudad de Arequipa, las autoridades esperan a que ocurra un tragedia para luego actuar, la reciente devastacion en Tahuaycani, producto del desborde de los huaicos, es un claro ejemplo de la ausencia de previsión. Es necesario destacar que, antes de que se produzca el desastre, debió haberse realizado un estudio riguroso del suelo, de las condiciones geográficas y topográficas, integrando estas variables al Plan de Desarrollo Metropolitano.
ResponderEliminarEs evidente que, sin un enfoque técnico y participativo, la vulnerabilidad de las familias de bajos recursos seguirá creciendo. En base a lo mencionado seria apropiado proponer que, desde las autoridades, en articulacion con la opinión y necesidades de la comunidad, se impulsen programas participativos de gestión del riesgo, acompañados de un sistema de alerta temprana y de un enfoque de justicia espacial. Con un compromiso técnico y humano, lograremos que Arequipa se transforme en una ciudad más justa, resiliente y preparada para el futuro y solo a traves de un cambio estructural en la planificación se podra evitar que las próximas lluvias se lleven, una vez mas, las esperanzas de cientos de familias.
Los acontecimientos recientes en sectores como Tahuaycani evidencian que el problema no radica únicamente en la intensidad de las lluvias, sino en la forma en que se ha permitido ocupar espacios naturalmente destinados al desfogue de flujos hídricos y sedimentarios. La expansión urbana informal, sumada a una limitada aplicación de instrumentos técnicos y normativos, ha incrementado la vulnerabilidad de la población frente a fenómenos que históricamente han formado parte del comportamiento natural del territorio arequipeño.
ResponderEliminarLa planificación urbana no solo debe responder al crecimiento físico de la ciudad, sino también anticiparse a los riesgos propios del territorio donde se asienta. Arequipa, al ser una ciudad condicionada por su geografía volcánica y por un sistema natural de quebradas y torrenteras activas, exige una planificación que entienda estos elementos no como obstáculos al desarrollo, sino como estructuras naturales que ordenan la ciudad.
Se evidencia una contradicción persistente entre el conocimiento técnico del territorio y las decisiones de ocupación urbana. A pesar de la existencia de información clara sobre la dinámica de las quebradas y la recurrencia de huaicos y lahares, se permitió la consolidación de viviendas e infraestructura en zonas de alto riesgo. Esta situación no solo refleja una debilidad en la planificación, sino también una omisión deliberada de criterios preventivos que ya estaban documentados por entidades especializadas.
ResponderEliminarAdemás, resulta evidente que el problema no radica únicamente en la falta de estudios, sino en la escasa aplicación de estos en la toma de decisiones. La planificación urbana, en este contexto, parece haber priorizado la expansión y la ocupación inmediata por encima de la seguridad y la sostenibilidad, generando escenarios de vulnerabilidad que terminan materializándose en desastres previsibles.
Esta publicación constituye un recurso muy importante y de aplicación inmediata para la administración pública contemporánea. Lejos de centrarse únicamente en el diagnóstico de la crisis, propone una estrategia técnica y social fundamentada en lecciones aprendidas de experiencias internacionales
ResponderEliminarSiento que el planteamiento es correcto, pero se queda un poco en lo ideal. En una ciudad como Arequipa, no es tan simple pensar que la población va a participar activamente cuando hay problemas más urgentesTambién percibo que se enfoca bastante en la infraestructura, como si todo se resolviera con obras, cuando en realidad el problema también pasa por cómo ocupamos el territorio. No basta con hacer puentes más altos si se sigue construyendo en zonas de riesgo.
ResponderEliminarLas referencias a Tokio o Los Ángeles son interesantes, pero su realidad es muy distinta. Creo que el reto real está en adaptar esas ideas a nuestro contexto y hacerlas realmente aplicables.
Este caso evidencia la deficiencia en la planificación y gestión urbana frente a fenómenos naturales. A pesar de existir normas y estudios técnicos sobre zonas de riesgo, la ocupación de quebradas y torrenteras continúa, lo que demuestra que no se hace uso ni se aplican dichos instrumentos. Esto solo demuestra que el crecimiento urbano muchas veces ignora las condiciones geográficas propias de Arequipa.
ResponderEliminarAsimismo, el colapso de infraestructuras refleja la necesidad de incorporar parámetros más adecuados al contexto. No basta con reconstruir lo dañado, sino que es necesario diseñar nuevos sistemas de contención que consideren el comportamiento natural de los flujos de lodo y sedimentos.
Finalmente, se debe lograr una gestión de riesgo que articule la planificación territorial, las normativas claras y las estrategias de prevención. Solo así será posible reducir la vulnerabilidad urbana y estar más preparados frente a desastres naturales recurrentes.
La problemática expuesta refleja una desconexión persistente entre la planificación urbana y su aplicación real en el territorio. A pesar de la existencia de información técnica generada por instituciones como el Instituto Geofísico del Perú y el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres, esta no logra traducirse en decisiones vinculantes ni en control efectivo del crecimiento urbano. La ocupación de quebradas y torrenteras evidencia una gestión que aún prioriza la expansión antes que la seguridad, ignorando condicionantes naturales claramente identificadas.
ResponderEliminarEn el ámbito técnico, se observa una clara limitación en la adaptación de la infraestructura a los fenómenos propios del contexto volcánico y torrencial. El uso de soluciones convencionales, sin considerar variables como caudales extremos, transporte de sedimentos o energía de flujo, deriva en fallas recurrentes de puentes y drenajes. Esto pone en evidencia la necesidad de incorporar criterios de diseño resiliente como estándar obligatorio, alineando la ingeniería local con experiencias internacionales que han logrado convivir con este tipo de amenazas.
A nivel social y de gestión, la prevención sigue siendo un componente débil dentro del sistema urbano. La escasa participación ciudadana y la limitada cultura de riesgo dificultan la implementación de medidas como la reubicación o la restricción del uso del suelo en zonas críticas. En ese sentido, el desafío no solo es técnico o normativo, sino también educativo y organizacional, requiriendo una planificación más integral que articule Estado, especialistas y comunidad en la construcción de ciudades más seguras.
Mi opinión sobre los problemas pluviales que hay en Arequipa es preocupante, los problemas que tuvieron los distritos de Arequipa resaltan por la ineficiencia pluvial que tuvieron las torrenteras, los problemas, resaltados sobre todo en tahuaycani.
ResponderEliminarTambién es interesante la importancia de la suficiencia de estudios o estudios sufientes para la planificación segura de la ciudad ante la disposición de las personas a ocupar las zonas no seguras ante la necesidad de una vivienda de las mismas.
Por último, resaltar la mejora de estructuras de las viviendas o habilitación de estas, se nedo prevenidas para los acontecimientos naturales que se presentan en el clima presente en Arequipa
El artículo presentado muestra de manera clara, como por medio de una tragedia el estado es capaz de ser consiente de los verdaderos peligros que atentan contra la propia seguridad de los pobladores, en este caso fueron los habitantes de Tahuaycani quienes tuvieron que vivirlo de primera mano, no solo por la poca preocupación de los gobernadores de la zona, sino por la poca información y ocupación informal de los propios residentes del lugar, que mezclados con una serie de acontacimientos y cambios climáticos, demostraron de manera contundente lo expuestos a peligros naturales que están las personas que viven a las faldas de volcanes.
ResponderEliminarPor lo cual es necesario tener en cuenta los siguientes aspectos para poder generar mejorias reales en las zonas que puedan sufrir los mismos inconvenientes; dentro de los cambios más importantes están formalizar y actualizar los planos realizados por el IGP y el SENEPRED, junto con la regulación y prohibición de terrenos cerca de las laderas o quebradas, pero también es importante la reubicación y actualización del catastro del sector que pudiera ser afectado.
Esimportante recordar que se requiere integrar los planes de riesgo en los instrumentos de planificación urbana a nivel distrital, regional y nacional, asi como ver a la ciudad como un organismo vivo capaz de adaptarse, aprender de los desastres y fortalecer su tejido social. Así como es necesario fomentar una cultura de prevención desde edades tempranas y las campañas de información y educación ambiental en escuelas, institutos y universidades, que pudieran evitar que situaciones como estas puedan volver a suceder y tal vez en una siguiente ocasion cobrar victimas humanas, pero no solo es responsabilidad de las autoridades sino de los mismos habitantes de estos lugares, que aunque es una realidad que la necesidad de las personas por encontrar un lugar en el que poder vivir es cada vez relevante debido a que muchas zonas no están diseñadas para albergar a tantos pobladores, no podemos olvidar que el trabajo de las profesionales consta de resolver dichos problemas.
Es frustante ver como los mismos pobladores son los que cometen eso errores de ocupar de manera informal áreas cercanas a las torrenteras y quebradas, siendo ignorantes con respecto al área de riesgo que ya existen; si nos basamos en que nuestra planificación urbana siga siendo reactiva en lugar de preveer; es claro que se seguirá cometiendo los mismos errores. El lugar de Tahuaycani es el claro ejemplo del crecimiento incontrolado que se da en nuestra ciudad Arequipa que crece pero de manera desordenada; se podría decir que se preocupan en solo buscar un lugar donde vivir sin tomar en cuenta de estas zonas.
ResponderEliminarConcuerdo en ese punto que el IGP Y CENEPRED deben ir a la par con los planes urbanos, pero deberían ser más con criterios técnicos y sociales, ¿ como podemos incorporarlo? Tal vez si se hace un conocimiento dibujando los mapas señalando donde hubo huaicos antes, por donde se desborda o cuales deberían ser sus rutas de evacuación y no solo eso sino también medir el tiempo de reacción de la población misma los primeros 5 minutos son demasiados críticos, claro que esto aplicaría con los pobladores actuales ya que con futuros asentamientos se les debe de hacer conocimiento como usted comenta del sitio para que no invandan a lo loco.
Como último punto me quedo satisfecha que se apunta que esta infraestructura resiliente + la participación de la comunidad sean inseparables, ya hemos visto que no es suficiente tener la mejor infraestructura sino que la misma población debe ser consciente del lugar donde habita y el riesgo que este con lleva , tenemos como claro ejemplo Japón y Chile que nos demuestra que estos simulacros si tienen resultados a la par de la educación del riesgo. Esta en nuestras manos el ser “resilientes” con nuestra ciudad que no quede en aslfato y concreto sino ser consciente de estas quebradas que son tratados como basureros o que se venden como lotes baratos, sean nuestro recordatorio que la naturaleza siempre buscará y abrirá su camino sin importar que se lleve de paso.
La ciudad es como un organismo y ese organismo está en constante cambio por el aumento de la población, el desarrollo de actividades y el uso de suelo en áreas específicas, es por eso que se debe aplicar la planificación urbana para un tener un adecuado desarrollo en la ciudad.
ResponderEliminarEn el caso de Arequipa, el crecimiento es acelerado y cada vez más progresivo, la cantidad de población crece más y más y es por eso que actualmente se implementan políticas para proteger áreas como la campiña arequipeña y zonas agrícolas que año tras año se están viendo reducidas por la aparición de más viviendas.
Ese crecimiento desordenado caracterizado por un desarrollo urbano deficiente que no considera riesgos potenciales en caso de fenómenos naturales y geográficos provoca situaciones como las que terminan ocurriendo en Tahuaycani que se podrian haber evitado si se promovía una planificación urbana coherente con el lugar.
Excelente análisis, Dr. Pari. Los eventos en Tahuaycani y el Chullo demuestran que la planificación en Arequipa debe dejar de tratar las torrenteras como simples canales de evacuación y entenderlas como sistemas de transporte de sedimentos de alta viscosidad. Es imperativo transitar hacia un modelamiento hidrodinámico reológico que considere la densidad y fuerza de empuje de los clastos volcánicos, permitiendo diseñar infraestructuras basadas en la presión real del flujo y no únicamente en el nivel del tirante de agua.
ResponderEliminarDesde un enfoque de ingeniería urbana, resulta pertinente proponer la sustitución de muros de concreto rígido por barreras dinámicas de anillos de acero y pozas de decantación escalonadas. Estas tecnologías permiten disipar la energía cinética y filtrar sólidos sin colapsar por socavación. Dicha estrategia debe complementarse con normativas de "Cero Sellado" mediante Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), obligando al uso de pavimentos permeables en las faldas del Chachani para mitigar la escorrentía directa hacia las zonas bajas.
Finalmente, la resiliencia debe incorporar el concepto de falla controlada en la infraestructura vial. Los puentes en zonas críticas deben proyectarse con tableros "fusibles" o sistemas de izaje que eviten el efecto presa ante flujos extraordinarios. Si no se vincula la geomorfología volcánica con los instrumentos de catastro y el Reglamento Nacional de Edificaciones, la gestión pública continuará limitándose a la reacción ante el desastre en lugar de una planificación territorial efectiva.
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ResponderEliminarEs evidente que esta problemática en el Perú no es algo reciente, sino que viene repitiéndose desde hace años. Lo que sucedió en Tahuaycani y en la torrentera del Chullo refleja cómo el crecimiento urbano ha sido desordenado, por mas que existan mapas del IGP o CENEPRED, muchas veces estas no se respetan y solo quedan como información, sin ser aplicadas realmente en la ciudad.
ResponderEliminarEsto hace pensar que la planificación urbana no está tomando en cuenta de manera efectiva las condiciones del territorio. Los ejemplos que el texto menciona, como Quito, Medellín o Tokio, evidencias que existen medidas más explícitas frente a estos peligros, por lo que si funcionan, deberían adaptarse a nuestro contexto. El Perú es consciente de esta problemática y cuenta con la Ley de Reasentamiento Poblacional (Ley N.° 29869), que busca reubicar a personas en zonas de alto riesgo; sin embargo, en la práctica no se cumple del todo por falta de presupuesto, procesos lentos o porque las mismas personas no desean dejar sus viviendas. Entonces, surge la pregunta: ¿qué se puede hacer? Considero que impulsar campañas de prevención es una medida más directa y necesaria, junto con restricciones más firmes en la construcción y un mayor nivel de conciencia en la población, ya que muchas veces se subestima el riesgo hasta que ocurre el desastre.
Finalmente, esto demuestra que el problema no es la falta de información o normas, sino su aplicación real. Mientras no haya una planificación más responsable y un control más efectivo sobre dónde se construye, estos eventos van a seguir repitiéndose cada año, afectando siempre a los mismos sectores y evidenciando que aún falta mucho por hacer en la gestión del territorio.
Desde mi perspectiva y conocimientos, se ve que la planificación de la ciudad Arequipa pese a contar con distintos métodos, planes y estrategias aun presenta grandes problemas entre el conocimiento público, técnico y la aplicación del mismo al momento del desarrollo urbano de la misma. La presencia de riesgos naturales como las quebradas, torrenteras y demás es algo que existe desde hace mucho tiempo, pero por distintos motivos tanto sociales, económicos, políticos, etc. La población hace caso omiso respondiendo netamente a la necesidad inmediata que a los distintos planes que se plantean lo cual revela la falla entre las normas, difusión y el control de las mismas.
ResponderEliminarDe igual manera se ve que la infraestructura urbana no ah sido planificada ni diseñada pensando en enfrentar estos problemas o fenómenos, situaciones como los puentes, drenajes y vías principales que colapsan en dichas eventualidades evidencias estas falencias. Obligándonos en el futuro a plantear esta infraestructura de una manera más funcional que netamente estética o simple.
También pienso que la participación de la población en estas situaciones es muy importante, la planificación no solo se puede ver desde una manera técnica, se debe involucrar a los ciudadanos como actores de la prevención de riesgo, viéndolo desde un punto educacional, social y cultural.
El riesgo en la ciudad no solo se explica por la intensidad de los fenómenos naturales, sino por la manera en que se ha ido ocupando el territorio a lo largo del tiempo. En Arequipa, las quebradas y torrenteras han pasado de ser entendidas como estructuras naturales activas a ser asumidas como suelo disponible, lo que incrementa la exposición de la población y debilita la capacidad de respuesta ante eventos extremos.
ResponderEliminarEsta situación evidencia que el problema no es únicamente físico o técnico, sino también territorial y social, ya que responde a dinámicas de crecimiento urbano que han ignorado las condiciones naturales del entorno. La ocupación progresiva de estas áreas termina consolidando escenarios de riesgo que luego son difíciles de revertir, incluso con intervenciones de mitigación.
Desde esa perspectiva, la resiliencia urbana implica replantear la relación entre ciudad y naturaleza, reconociendo estos espacios como parte del funcionamiento del territorio y no como vacíos urbanos susceptibles de urbanización. Esto supone no solo regular su ocupación, sino también integrarlos dentro de la estructura urbana como elementos activos que orienten el crecimiento de la ciudad y reduzcan su vulnerabilidad en el tiempo.
La resiliencia urbana ha dejado de ser un concepto teórico para convertirse en el eje articulador de la supervivencia de las ciudades modernas. No se trata simplemente de resistir un evento adverso o de intentar volver al estado anterior al desastre, sino de la capacidad de los sistemas urbanos para absorber tensiones, aprender de ellas y evolucionar. Esta visión rompe con la planificación rígida y propone una estructura dinámica donde la prevención se integra en el tejido cotidiano, permitiendo que el impacto climático no paralice el funcionamiento social y económico, sino que obligue a una transformación funcional y estructural del entorno.
ResponderEliminarEl cambio de paradigma hacia una infraestructura verde y azul representa la estrategia más inteligente frente a los retos actuales. Al integrar parques inundables, corredores biológicos y sistemas de drenaje sostenible, se reduce la dependencia exclusiva del hormigón y las soluciones de ingeniería "gris", que a menudo resultan insuficientes ante fenómenos extremos. Estos amortiguadores naturales no solo gestionan el excedente hídrico o regulan la temperatura urbana, sino que recuperan funciones ecológicas vitales que habían sido sofocadas por la urbanización descontrolada, demostrando que la prevención más eficiente es aquella que trabaja a favor de la geografía del lugar y no en su contra.
La gestión del riesgo es, en el fondo, una construcción social que depende de la solidez de los protocolos participativos y de la planificación a largo plazo. La vulnerabilidad de un centro urbano no solo se mide por su ubicación geográfica, sino por la capacidad de su comunidad para interpretar los mapas de riesgo y actuar en consecuencia. Una verdadera cultura de resiliencia exige que el diseño urbano sea una herramienta de empoderamiento, donde cada esquema de zonificación y cada norma de uso del suelo se entienda como una barrera preventiva que protege la vida y garantiza la viabilidad del territorio para las próximas décadas.
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ResponderEliminarLo ocurrido en Tahuaycani no es solo consecuencia de las lluvias intensas, sino principalmente de una planificación urbana deficiente que no ha considerado adecuadamente las condiciones naturales del territorio. La ocupación de quebradas y zonas de alto riesgo, sumada a la falta de infraestructura adecuada como drenajes o sistemas de contención, incrementa considerablemente la vulnerabilidad de la ciudad.
ResponderEliminarAdemás, aunque existe información técnica sobre estos riesgos, esta no se aplica de manera efectiva en la toma de decisiones ni en la regulación del crecimiento urbano, evidenciando una desconexión entre la planificación y la realidad. En ese sentido, resulta fundamental priorizar la prevención y promover un desarrollo urbano más responsable, que respete el entorno natural y reduzca los riesgos para la población.
La publicación evidencia de manera clara la fragilidad de nuestras ciudades frente a fenómenos naturales como los huaicos y lahares, resaltando la necesidad de replantear la planificación urbana desde un enfoque más preventivo. En esa línea, coincide con lo planteado por Ian McHarg en Design with Nature, donde se enfatiza que el territorio debe guiar las decisiones urbanas, evitando la ocupación de zonas naturalmente vulnerables como quebradas y torrenteras.
ResponderEliminarAsimismo, la importancia de una infraestructura resiliente y una adecuada gestión del riesgo se relaciona con lo propuesto por Peter Newman, quien plantea que las ciudades deben anticiparse a los desastres mediante planificación integrada y adaptación constante.
Finalmente, resulta clave complementar este enfoque con la dimensión social de la planificación, tal como lo plantea Jan Gehl en Cities for People, donde se destaca que las ciudades deben diseñarse pensando en las personas y su seguridad. Esto implica no solo normativas más estrictas, sino también una ciudadanía informada y participativa, capaz de reconocer los riesgos y actuar frente a ellos.
En ese sentido, también es pertinente considerar lo planteado por David Harvey en Rebel Cities, donde se enfatiza el derecho colectivo a una ciudad segura y equitativa. La planificación urbana no debe limitarse a respuestas técnicas, sino que debe garantizar condiciones dignas de habitabilidad, evitando que los sectores más vulnerables sean los más expuestos a estos riesgos.
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ResponderEliminarEl caso de Tahuaycani evidencia no solo una falla en la planificación urbana, sino una contradicción clara: conocemos el comportamiento del territorio, pero seguimos ocupándolo sin respetarlo. Las quebradas y torrenteras en Arequipa no son espacios disponibles, sino parte del sistema natural, y urbanizarlas convierte fenómenos recurrentes en desastres.
ResponderEliminarMás que falta de información, el problema está en que esta no se vuelve vinculante. Existen estudios y mapas de riesgo, pero no condicionan realmente el crecimiento urbano, que sigue respondiendo a lógicas informales y a la necesidad inmediata de vivienda.
A diferencia de Arequipa, ciudades como Medellín o Quito han optado por limitar la ocupación en zonas de riesgo y convertirlas en corredores ecológicos. Esto demuestra que el problema no es solo técnico, sino también de gestión del territorio y toma de decisiones.
Además, la impermeabilización del suelo agrava la situación, aumentando la escorrentía y la fuerza de los huaicos. Por ello, el reto no es solo resistir estos fenómenos, sino aprender a convivir con ellos, integrando las torrenteras como parte estructurante del diseño urbano.
Yo partiría de una postura un poco más crítica si bien reconozco que la planificación urbana necesita fortalecer instrumentos técnicos como los mapas de riesgo, las normativas y la infraestructura resiliente, considero que el problema de fondo no es únicamente técnico, sino también político, social y cultural.
ResponderEliminarEn ese sentido, creo que uno de los aspectos más importantes es entender que las quebradas y torrenteras de Arequipa no son espacios vacíos disponibles para urbanizar, sino sistemas naturales activos que la ciudad históricamente ha ignorado. Instituciones como el Instituto Geofísico del Perú y CENEPRED ya generan información relevante sobre estos riesgos, pero el problema radica en la débil articulación entre ese conocimiento técnico y las decisiones reales sobre el territorio.
Desde mi perspectiva, no es suficiente seguir proponiendo más normas o mejorar el catastro urbano, porque incluso con los instrumentos actuales, la ocupación en zonas de alto riesgo continúa. Esto me lleva a cuestionar por qué la ciudad sigue creciendo en lugares donde no debería, las invasión poco organizadas producto de la sobrepoblación. Considero que aquí influyen factores como la informalidad en el acceso al suelo, la falta de alternativas de vivienda segura, la limitada capacidad de gestión de los gobiernos locales y una cultura urbana que tiende a normalizar el riesgo hasta que ocurre el desastre.
Asimismo, si bien la infraestructura resiliente es clave, pienso que el enfoque no debería centrarse únicamente en resistir estos fenómenos, sino en replantear la relación entre la ciudad y su geografía. Es decir, no ocupar las torrenteras, sino integrarlas como parte de un sistema urbano, por ejemplo, como corredores ecológicos o infraestructuras verdes que funcionen también como límites de expansión.
Finalmente, considero que el verdadero reto de la planificación urbana en Arequipa no es solo diseñar mejor, sino tomar decisiones más firmes respecto al territorio. En ese sentido, creo que la clave está en asumir que hay zonas donde simplemente no se debe urbanizar, y que reconocer esto es fundamental para reducir la vulnerabilidad de la ciudad frente a estos fenómenos.
La publicación trata sobre la prevención y resiliencia urbana frente a los lahares y huaycos en Arequipa toca un tema clave en el contexto actual como lo sucedido en Tahuaycani, muestra la cara real de cómo los fenómenos naturales impactan directamente en la estructura y funcionamiento de la ciudad. Considero que uno de los aspectos más importantes del texto es que pone en relación estos eventos con la planificación urbana, mostrando que la vulnerabilidad no depende únicamente de la naturaleza, sino también de las decisiones sobre el uso, planificación y ocupación del territorio.
ResponderEliminarMe parece muy valioso el análisis de los acontecimientos recientes en sectores de la ciudad.Ayuda a entender que el verdadero impacto viene de problemas acumulados, como la ocupación en zonas de riesgo, la acumulación de materiales y la limitada planificación urbana. Asimismo, el énfasis en la necesidad de infraestructura resiliente y en la incorporación de instrumentos técnicos aporta una visión clara sobre cómo se puede enfrentar esta problemática. En ese sentido, el contenido también abre la posibilidad de reforzar estos enfoques mediante una mayor participación ciudadana y educación en gestión del riesgo.
En conclusión, considero que la publicación es una base valiosa para repensar sobre la necesidad de fortalecer la planificación urbana en Arequipa desde un enfoque preventivo y resiliente. Su principal valor radica en generar conciencia sobre la importancia de integrar aspectos técnicos, sociales y ambientales en la gestión del territorio, con el fin de reducir riesgos y mejorar la calidad de vida de la población.
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ResponderEliminarLo que ha pasado este año es el resultado de una "amnesia" que nos pega cada vez que deja de llover. El problema no es que nos falte información o mapas del IGP, porque estudios sobran; el problema es que toda esa teoría se queda en el papel y no se aplica a la hora de decidir dónde crece la ciudad. Hemos terminado tratando a las torrenteras como si fueran terrenos vacíos o simples basureros, cuando en realidad son el camino natural de la fuerza del volcán.
ResponderEliminarNo podemos seguir pensando que todo se soluciona con más concreto o muros rígidos que al final terminan colapsando. Necesitamos una ingeniería y arquitectura que entienda que por aquí no solo baja agua, sino lodo y piedras con una fuerza increíble. Pero ojo, tampoco se trata de culpar solo a la gente; muchas veces la ocupación informal es la única opción que encuentran las familias ante la falta de vivienda económica y segura en zonas planas.
Al final, la "resiliencia" no debería ser una palabra elegante para usar en clase, sino una realidad en la calle. Mientras los mapas de riesgo no sean ley y sigamos construyendo dándole la espalda a la geografía, vamos a seguir atrapados en este ciclo de solo reaccionar cuando ya tenemos el desastre encima.