viernes, 10 de abril de 2026

Prevención y resiliencia urbana ante los fenómenos de los lahares y huaycos en la ciudad de Arequipa

 

Por el Dr. Edward Pari Portillo

Foto:E. Pari P. 


La planificación urbana en nuestro planeta, trata de responder con retos al crecimiento de las ciudades, así como también a la resiliencia garantizada y progresiva respecto a los fenómenos naturales constantes que se incrementan en nuestras regiones vulnerables.

En nuestra región y en nuestro país, en periodos de las lluvias intensas “…las quebradas que nacen en edificios volcánicos y a lo largo de la cordillera pueden experimentar el descenso de flujos de lodo de distintos volúmenes. Si estos flujos contiene material volcánico, se llama lahares, mientras que si estan compuestos por materiales clásticos (como gravas y arcillas), se denominan huaicos” (IGP, 2026).

El acontecimiento ocurrido en Tahuaycani, la via Metropolitana, la torrentera el "Chullo" y otros sectores de Arequipa en este año 2026, revelan sobre la debilidad y fragilidad de nuestros sistemas urbanos frente a la adversidad e intensidad de las lluvias con los llamados depósitos volcánicos y huaycos. Estos eventos que son ya conocidos como acontecimientos naturales de impacto, nos permiten reflexionar sobre la actualización de los principios globales de la planificación de nuestras ciudades, de los cuales deben estudiarse con mayor realidad e intensidad, los riesgos característicos naturales, para mejorar cada vez más nuestra planificación de ciudades.

Estos lahares, sobre todo en el sector de Tahuaycani , que han sido activados por las lluvias de gran intensidad, comprometieron riesgos en algunas torrenteras y quebradas de la ciudad, generando flujos de lodos y piedras que afectaron sobre todo a las viviendas cercanas, complejos habitacionales, la infraestructura de servicios básicos y demás servicios urbanos. Es posible que una de las causas haya sido la acumulación de los llamados depósitos volcánicos, ubicados en las laderas del volcán Chachani y que, sumados a la ocupación informal de viviendas en las torrenteras aledañas, asi como los residuos sólidos de las quebradas, generaron impactos en la ciudad. El número de afectados superan más de mil viviendas dañadas y en algunos casos, el colapso de la infraestructura vial (la vía Metropolitana); así como, la generación de una crisis humanitaria en algunos sectores del lugar ( RPP Noticias, 2026).

Este acontecimiento permite evidenciar, sobre las estrategias en la planificación de nuestras ciudades, han considerar las ubicaciones, delimitaciones y precisiones de estas zonas afectadas; sobre todo de las áreas de viviendas que no son aptas en sectores de riesgo como las quebradas y torrenteras; por ello, es necesario iniciar un proceso estratégico de infraestructura resiliente que pueda soportar estos movimientos de flujo de agua lodo y otros fenómenos característicos de las zonas de riesgo en nuestra ciudad. 

Las delimitaciones de estas zonas de riesgo, representa uno de los criterios más importantes de la planificación urbana actual sobre estos fenómenos.  No es suficiente en generar mapas de riesgo; sino también, se debe incorporar criterios cada vez más técnicos, normativos específicos y sociales, que nos permitan minimizar y reducir la vulnerabilidad de estas zonas. 

La información de mapas de riesgo hidrometeorológico y volcánico elaborados por el instituto geofísico del Perú Instituto Geofísico del Perú  (IGP) y el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), deben de ser cada vez más especificos e integrados en los planes urbanos y otros instrumentos de planificación. La delimitación de estas áreas, deben de contener diferentes factores a tomar en cuenta como: los depósitos volcánicos, las torrenteras activas en diferentes grados, las pendientes, las áreas de deslizamiento, zonas de inundación etc.

Considerar que las quebradas, sobre todo el Chullo, representan ejes de deslizamiento o corredores naturales de los huaicos y lahares de nuestra ciudad; por lo que se debería zonificar y clasificar dichas zonas para posibilitar y delimitar la urbanización. La regulación de las normas sobre las delimitaciones de estas áreas, debe de traducirse con más intensidad en una información humanística, vinculante a tal punto que; se prohíba la construcción y ocupación en estas áreas de alto riesgo y/o demolición de zonas ya construidas. 

A nivel de los planos de la ciudad, se requiere un catastro urbano más actualizado que ubique e identifique las nuevas zonas muy críticas de ocupación de viviendas y que nos ayude a determinar estratégicamente programas de protección y reubicación. Una experiencia internacional interesante se encuentra en la ciudad de Quito - Ecuador y en Medellín – Colombia; en estas ciudades, encontramos normativas específicas municipales mediante ordenanzas y no necesariamente normas nacionales, que restringen la ocupación en zonas de ladera y el alto riesgo en quebradas. 

En nuestro país la ley Nacional N° 29869 (2012) contiene generalidades sobre la ocupación de zonas de muy alto riesgo que no pueden ser mitigables para las viviendas; el Reglamento Nacional de Edificaciones (RNE), asi mismo desarrolla criterios técnicos para la construcción, con pendientes y áreas de riesgo; y la Autoridad Nacional del Agua (ANA) determina la delimitación de las fajas marginales de torrenteras de nuestras ciudades.

También es preciso señalar sobre la mitigación y la infraestructura especial para estos riesgos, en las zonas donde ya hay ocupación, la planificación proyectada debe establecer obras de mitigación como: canales de derivación, muros de contención, drenajes pluviales, sistemas de alerta temprana y otros.

Por otro lado, el soporte participativo es muy importante para la delimitación de estas áreas, ya que no solo tendrían que abordarse temas técnicos y normativos; se debe de involucrar a toda la población del área en procesos de gestión comunitaria de riesgos y la generalidad de educación ambiental. Muchas familias tienen desconocimiento de la magnitud del peligro que evidenciaría la necesidad de generar simulacros campañas de información de manera permanente. 

Este acontecimiento tiene relación con las tendencias no solo de la región si no globales a nivel planeta. La delimitación catastral de las zonas de riesgos, se integrarían en los planes de resiliencia urbana de la ciudad, que son promovidos por las ONU-Hábitat. A nivel de la región tenemos el Plan de Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres al 2026, aprobado el 2024, sin embargo no tenemos más estallamiento para la ciudad. Una experiencia clave es lo suscitado en la ciudad de Tokio que ante estos acontecimientos en la ciudad, activan planes de evacuación ante tsunamis; en el caso de los Ángeles en Estados Unidos, manejan la zonificación sísmica y que demuestran que esta planificación anticipatoria, puede reducir, salvar vidas y pérdidas de la economía. 

Un factor importante material también es la infraestructura resiliente, que es clave ante estos eventos (los puentes, los drenajes en contextos volcánicos como en nuestra ciudad). Los lares y los huaicos son fenómenos recurrentes; por lo tanto, los puentes y los diversos sistemas de drenaje requieren ser más técnicos con un diseño muy específico de cada zona o sub zona, que incorpore premisas y criterios de adaptabilidad, flexibilidad y sobre todo resiliencia al fenómeno.

La infraestructura de los puentes con esa característica resiliente, deben adoptarse con una construcción de gran altura, sobre estas áreas; de tal modo, permita el paso de estos flujos de piedra de lodo, sin problemas de desplazamiento. En los sectores mencionados varios puentes colapsaron; ya que, no tenían la suficiente luz libre, o por lo menos un gran zanjón de profundidad, para el paso de grandes volúmenes de flujo del fenómeno. Los puentes deben de tener una implementación de cambio y de reparación rápida, ya que el fenómeno de flujo de lodos y lahares, debilita constantemente a estas infraestructuras de la ciudad. En algunos países como Japón han implementado los puentes modulares ya que permiten y facilitan reparar rápidamente, tras los eventos extremos. En el caso de Chile tras los acontecimientos de aluviones ocurridos en la ciudad de Atacama, se levantaron puentes con pilotes muy profundos y algunos otros sistemas que disipan la energía de estos flujos torrenciales.

La infraestructura de los drenajes de la ciudad como los canales de derivación, deben de tener un diseño exclusivo para desviar estos flujos a lugares más seguros; de este modo, se evita que dañen las áreas residenciales. Estos drenajes pluviales no son muy suficientes, ya que requieren algunos canales que transporten muchos volúmenes de agua y sedimentos. Estas infraestructuras de protección, deben asegurar a las áreas ocupadas en detener un mantenimiento permanente, ya que la acumulación de estos volúmenes de sedimento, pueden obstruir muy rápidamente los diferentes drenajes construidos; por lo que, en la planificación de estas áreas, debe de considerarse programas periódicos de limpieza para estas infraestructuras. Una experiencia de estos programas se tiene en Quito, Ecuador; que han generado estos sistemas de drenaje con canales de derivación, rejillas de protección, que de alguna manera protegen y reducen a estos fenómenos de flujo que provienen de "Pichincha" el volcán de dicha ciudad.

Finalmente, la gestión comunitaria en la participación muy activa de los usuarios en general, debe ser apremiante para la identificación, prevención y respuesta rápida ante estos riesgos. En la planificación con la comunidad, no solo debe ser un ente receptor de políticas e instrumentos normativos sino más bien el constructor y protagonista de la implementación de estos planes e infraestructuras. 

También se puede intensificar las campañas permanentes de información a la población, respecto a esta dinámica de riesgos en las quebradas y torrenteras, explicando sobre estos fenómenos recurrentes en estos corredores de riesgo. En las universidades institutos y escuelas, se debe de difundir estos contenidos, sobre los riesgos para la ciudad, fomentando sobre todo la prevención y la cultura de protección en diferentes edades. En Japón la población cercana al monte Fuji , constantemente ejecuta talleres sobre la evacuación en zonas seguras ante la erupción y flujos de lodo que pueden generarse en la ciudad. 

Este acontecimiento suscitado en Tahuaycani, y otros sectores de la ciudad, muestra sobre la escasez de la información tecnificada y la limitada organización de la comunidad que afectó al lugar. La planificación urbana de estas características, debe evolucionar con un modelo más participativo, ayudado  por técnicos especialistas y ciudadanos donde los participantes de dicha comunidad sean muy activos en estos procesos de generación de instrumentos de riesgos y desastres.    

“Las ciudades deben ser vistas como organismos vivos, capaces de adaptarse y transformarse frente a los desafíos. La resiliencia urbana no consiste únicamente en resistir los embates de la naturaleza, sino en aprender de ellos, rediseñar nuestros espacios y fortalecer el tejido social. Una ciudad que se prepara para el riesgo no solo protege a sus habitantes, sino que también construye esperanza en cada calle y quebrada.”  Jaime Lerner, arquitecto y urbanista brasileño.

Referencias

IGP. (2026). grd.igp.gob.pe. Obtenido de https://grd.igp.gob.pe/lahares-huaicos/

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